Todas las capitales de América
Latina están rodeadas por cordones de pobreza.
Se trata de asentamientos poblacionales en los que las
condiciones de vida son precarias y que circundan a las
zonas más ricas de la ciudad: las favelas de Brasil,
los cantegriles en Uruguay, y en la Argentina actual las
llamadas villas miseria o de emergencia, así como
también edificios y casas tomadas y fábricas
abandonadas.
Visitar uno de estos barrios, estos lugares,
es como adentrarse en un laberinto de culturas. Es como
recorrer muchos países en uno solo. Muchos de sus
habitantes son inmigrantes de otros países de Latinoamérica
como Paraguay, Bolivia y Perú, que comparten sus
costumbres con los argentinos. Así nace un espacio
pleno de tradiciones, trabajo, esfuerzo y, sobre todo,
mucho color y alegría.
En Buenos Aires, los mayores centros
de pobreza rodean a los barrios más lujosos
de la ciudad. Sin embargo, parecen estar ocultos.
No se lo conoce. No se los ve. Porque no se los
muestra.